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El desgaste físico de los patrones IMOCA durante una regata

© Yvan Zedda
© Yvan Zedda

¡Igual que un ciclista del Tour de Francia! ¿Deporte tranquilo, la navegación a vela? ¡No en IMOCA! A bordo de unos barcos cada vez más rápidos y exigentes, hay que estar físicamente muy en forma para aguantar lo que se hace sufrir al cuerpo. Porque no se trata solo de maniobras muy exigentes.

 

Las primeras preguntas que se suele plantear a los navegantes, tanto si navegan en solitario en la Vendée Globe, como si lo hacen a dos en la Transat Javques Vabre, se refieren a su cansancio, a su falta de sueño y a sus eventuales pérdidas de peso. Son cuestiones pertinentes, pero como en la vida en tierra sus efectos no son los mismos para todo el mundo. Sébastien Josse, por ejemplo, explica que no pierde peso, “pero que sí hay un cambio entre mi grasa y mi masa muscular”. En cambio, Jérémie Beyou afirma: “En una transatlántica en IMOCA pierdo entre 3 y 4 kilos. Pierdo peso desde los primeros días de regata. El esfuerzo es brutal y hay que tener mucho músculo para llevar a cabo las duras maniobras, porque las cargas en IMOCA son muy importantes. ¿El esfuerzo? Mejor digamos los esfuerzos, que son muchos. Están las maniobras, claro, las tomas y sueltas de rizos, las viradas, las trasluchadas, pero no podemos olvidar el desplazamiento de pesos para equilibrar el barco; ¡son varios centenares de kilos (entre 500 y 600) en cada virada!”

Tampoco debemos olvidar el stress mental, que representa más de una tercera parte del cansancio registrado y del consumo energético, según Jean-Yves Chauve, médico de los regatistas oceánicos desde hace años. Y no podemos dejar de lado las diferencias de temperatura según la latitud: luchar contra el frío o contra el calor desgasta el organismo. Además, “el simple hecho de mantener el equilibrio en un barco en permanente movimiento y de adoptar posturas para no caerse exige mucha energía”, añade Jean-Yves Chauve. Y todo esto lo aguanta el organismo con un déficit de sueño, con un descanso que pocas veces supera los 30 minutos seguidos de sueño.

Doble consumo calórico que en tierra

Así se comprende mejor por qué muchos navegantes en IMOCA pulen tanto su preparación física como su alimentación antes, durante y después de la regata. Es muy difícil de cuantificar, pero se tienen ya algunas ideas a respecto. En general, un navegante a bordo de un IMOCA consume de 5.000 a 6.000 calorías al día. ¡Es el doble que un adulto en tierra con una actividad física normal! Jean-Yves Chauve usa otra comparación, quizás aún más clara: “Este consumo de 6.000 calorías es el mismo que registra un ciclista del Tour de Francia. Nadie diría que en un barco se quema tanta energía, pues desde el exterior el esfuerzo parece menos espectacular. Sin embargo, es lo que sucede en IMOCA.”

Varios meses para recuperarse por completo

Resultado: a la llegada de la regata, el profundo cansancio ha hecho su trabajo de zapa en el cuerpo de los patrones. Hemos preguntado a cinco de ellos sobre este tema (Yann Eliès, Jérémie Beyou, Armel Le Cléac’h, Sébastien Josse y Morgan Lagravière) y todos coinciden en decir que no se necesitan días, sino semanas o incluso meses –2 o 3, según las personas- para recuperarse totalmente de una gran regata en IMOCA.  “Es así -confirma el doctor Chauve-. Incluso entre esos deportistas de alto nivel, se acumula por una parte del cansancio debido al sueño desincronizado y por otra el desgaste general del cuerpo. Todo ello requiere tiempo para volver a su nivel normal. También por eso hay que respetar a los navegantes.”

¿Cuál es la diferencia de exigencia entre una regata rápida como la Transat Jacques Vabre y una vuelta al mundo de tres meses como la Vendée Globe? La diferencia se debe sobre todo al hecho de que una se corre a dos y la otra, en solitario, “porque tengo la impresión de que la Vendée Globe se ha convertido también en un sprint, al menos entre los que van a por la victoria”. A dos se puede contar con el compañero, pero también se aprieta más el barco. En solitario el nivel de stress es máximo y es el responsable de “aproximadamente una tercera parte del consumo energético total”, repite Jean-Yves Chauve. “La vela de competición es un deporte físico, pero también hay que usar mucho el cerebro, que es lo que lo hace apasionante.” Apasionante y exigente, sin contar con las eventuales traumatologías derivadas de posibles accidentes. “Es lógico: cuanto más rápidos van los barcos, más se exigirá al cuerpo en caso de un choque o de una desaceleración brutal. Si choca contra una pared con una bicicleta a 30 km/h, se hará mucho daño. Hay que prestar mucha atención a la relación hombre/máquina: los barcos son cada vez más potentes y más rápidos, pero el cuerpo humano siempre tendrá límites.” Es evidente que los navegantes que corren en 60 pies se preparan a conciencia e intentar minimizar los riesgos todo lo que pueden. Pero esos riesgos existen.

¿Después de todo esto, sigue teniendo ganas de estar en la salida de la próxima Vendée Globe?


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