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Con el traje de faena

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Cuando está empezando a desvanecerse la primera depresión, que ha permitido al trío de cabeza distanciarse de sus perseguidores, los navegantes solitarios ya están pensando en el nuevo sistema que debería recoger la flota dentro de 24 a 48 horas, según la posición de unos y otros. Una cosa es segura: el bautizo de fuego en solitario de los novatos de la clase IMOCA será especialmente duro.

“Pase lo que pase, nos cogerá la castaña y tendremos que apretar los dientes.” Morgan Lagravière expresaba claramente esta mañana toda la paradoja de las regatas oceánicas. Luchando con vientos flojos, ha emprendido una regata de velocidad hacia el sur para intentar colocarse al sur de la futura depresión, especialmente activa, que se ha formado frente a las Bermudas y que barrerá el Atlántico.

Para el patrón del Safran, la pena es doble: “No conseguí colgarme del tren de los dos líderes. Me

pilló la encalmada y me vi forzado a bajar al sur a la vista de la segunda depresión que se acerca. De repente corro el peligro de encontrarme codo a codo con Thomas (Ruyant). Yo, que pensaba haber matado la regata, tengo que volver a empezar de cero.” Por mucho que Morgan repita una y otra vez que su primer objetivo es acabar y clasificarse para la Vendée Globe, se impone su espíritu competitivo. Pero a mal tiempo, buena cara: “El único aspecto positivo de todo esto es que Thomas y yo no estaremos lejos uno del otro cuando llegue el mal tiempo. Psicológicamente es una ventaja.

Será nuestro primer temporal en solitario…”

Regata contra el (mal) tiempo

En cuanto a Paul Meilhat, aún puede estar contento de no haber tenido que modificar su ruta como sus perseguidores. “Es un poco el todo o nada. De momento aguanta y consigo mantener algo de velocidad. Todo lo que podamos ganar hacia el Este antes de la llegada de la nueva depresión nos ayudará a colocarnos mejor delante de esa borrasca. Pero no nos llamemos a engaño, será duro…”

Paul Meilhat recuerda las condiciones de vida a bordo de un IMOCA60 lanzado a toda velocidad: “En cuanto hay un poco de mar y el barco corre, hay que saber que la vida a bordo es imposible. Para desplazarte por el barco, tienes que ir más a cuatro patas que otra cosa, y escribir un mail es toda una proeza. Por eso te conviene haberte preparado con antelación, haber reunido a tu alrededor todo lo que vas a necesitar, como los sacos de comida…” De momento, las condiciones aún son manejables, pese a una mar de leva de noroeste muy marcada. Pero todo el mundo piensa ya en el mal tiempo previsto.

Filosofía atlántica

Si hay alguien a quien no le preocupa en absoluto lo que hará mañana, ese es Enda O’Coineen, el patrón irlandés del Currency House Kilcullen. Siguiendo su camino sobre una ruta sur perfectamente asumida, disfruta los placeres que solo puede ofrecer la navegación en solitario: tocar música sin correr el riesgo de molestar a nadie más que a los peces voladores, filosofar sobre el sentido de la vida mientras se atraviesa un océano en solitario: “Hago lo que se tenga que hacer en cuanto sea necesario, y eso es lo que me gusta. Navegar en solitario es un reto maravilloso y te realiza completamente. Se dice que estar solo no es propio del hombre, pero eso también es la sal de la vida. Para mí, mi ambición es llegar a Port-la-Forêt pase lo que pase en este maravilloso 60 pies, mientras navego de noche. Y ya veremos lo que nos trae el alba.”


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