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New York–Vendée (Les Sables d’Olonne), un soplo de aire fresco

Crédito Foto: Th. Martinez - Sea and Co
Crédito Foto: Th. Martinez - Sea and Co

A pocas semanas de la salida de la New York–Vendée (Les Sables d’Olonne), los solitarios echan chispas buscando consejos sobre meteorología para analizar las particularidades de esta transatlántica en sentido contrario del habitual. Cambiar las rutinas forma parte también del “encanto de esta regata”. Analizamos el recorrido con Anna Corbella y Morgan Lagravière, dos regatistas que ya participaron hace dos años en la New York – Barcelona.

Hace dos años, la New York – Barcelona prefiguraba las ambiciones del Campeonato IMOCA Ocean Masters. Esta regata inédita servía de precalentamiento antes de la Barcelona World Race en un recorrido que unía las torres de Manhattan y el gran puerto catalán. Disputada en la modalidad a dos, la regata permitió a algunos equipos prepararse para la siguiente vuelta al mundo. Había reservado algunas sorpresas a las tripulaciones participantes, pues el recorrido acabó siendo más complejo de lo que podía parecer a simple vista.

Anna Corbella: una regata que altera las costumbres

Tras su tercera plaza en la Barcelona World Race junto a Gerard Marín, Anna se ha convertido en uno de los ídolos de la vela española. La navegante, que no renuncia a representar a su país en la próxima Vendée Globe, sigue siendo muy activa a la hora de promocionar las regatas de altura en Catalunya. Recuerda: “Lo primero es la salida de Nueva York. Teníamos la impresión de estar rodando una película, era increíble. Además, entre el tráfico y la corriente, la navegación no era sencilla, sobre todo teniendo en cuenta que salimos del puerto con el viento del morro. Después hay que aprender a leer escenarios nuevos. No estamos acostumbrados a navegar en regata en sentido oeste - este. Para nosotros, el peor momento fue el paso de una vaguada en la que nos encontramos sin viento. El resto de la flota seguía progresando, pero nosotros estábamos encalmados por  mucho que los ficheros grib nos anunciaran viento. Aquí fue donde nos descolgamos de la cabeza de la flota. Por otra parte, el hecho de tener una posición cada cuarto de hora incita a llevar un ritmo muy alto. Es algo agotador, porque además le sumas los frentes, pues intentas quedarte con ellos tanto como puedes… Me acuerdo muy bien, porque cuando pasó el primer frente estaba mareada. No es precisamente lo ideal para empezar una regata.”

Morgan Lagravière: Todo es posible hasta el último momento

Esta será la primera regata en solitario de Morgan en el nuevo Safran: de alguna forma, el fin de un aprendizaje iniciado con motivo de la New York – Barcelona, hace dos años con Marc Guillemot. “Evidentemente me acuerdo muy bien de la salida de Nueva York. Era a la vez magnífico y terriblemente complicado, entre los cambios de viento, la corriente y el intenso tráfico que reina en el puerto. Las primeras horas de regata exigen mucha energía: hay que vigilar permanentemente a los otros barcos, pero también las numerosas balizas metálicas. Después hay opciones de ruta realmente distintas, entre la tentación de ir a buscar los sistemas depresionarios al norte y la voluntad de ir por el camino más corto. Lo que me sorprendió es que al final las condiciones fueron mucho más variadas de lo que me imaginaba. Y si el anticiclón de las Azores sube un poco de latitud, todo podría decidirse en las últimas millas. En ningún momento podremos decir que ya se ha ganado. Será un buen test para la motivación.”


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