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FABRICE AMEDEO, UNDÉCIMO, CULMINA SU VENDÉE GLOBE

© Jean-Marie Liot / DPPI / Vendée Globe
© Jean-Marie Liot / DPPI / Vendée Globe

Fabrice Amedeo a bordo del Newrest-Matmut ha cruzado la línea de llegada de la octava Vendée Globe en undécima posición, el sábado 18 de febrero de 2017 a las 10 horas y 3 minutos (hora española). El navegante solitario ha terminado su primera vuelta al mundo en 103 días, 21 horas y 1 minuto. Ha recorrido 27.700 millas a la velocidad media de 11,10 nudos.

Segundo debutante clasificado de esta octava Vendée Globe después de Éric Bellion, Fabrice Amedeo navegaba (como otros doce participantes) con un barco concebido en 2008. El navegante, que escribe en las columnas de Le Figaro cuando está en tierra, cumplirá 39 años el próximo viernes. Se había propuesto usar sus talentos de reportero para hacer descubrir al gran público la magia de las regatas oceánicas, y ha conseguido plenamente su objetivo. De hecho, durante los tres meses de esa aventura alrededor del mundo el navegante-periodista ha alimentado cada día su blog (http://www.reportersdularge.com) con escritos y bellas imágenes.

Las buenas condiciones del principio de la regata fueron una entrada en materia ideal para el navegante que hacía su primera vuelta al mundo en IMOCA. En 18ª posición de la flota que en el descenso del Atlántico, el patrón del Newrest-Matmut parece disfrutar: “Estoy muy contento, creo que he hecho bien de asumir mis convicciones por lo que se refiere a la ruta elegida y pronto negociaré las calmas ecuatoriales”, escribe. A Fabrice Amedeo le gusta cuidar especialmente su ruta y vuela hacia el cabo de Buena Esperanza, mientras se mantiene en medio del pelotón. Un momento inspirado le permite ocupar transitoriamente la cabeza de este pequeño grupo, pero pronto lo supera un Louis Burton (Bureau Vallée) que pone una marcha más.

Deportista y poeta

Fabrice Amedeo descubre el Gran Sur, progresa en el océano Índico e intenta ganar millas a Arnaud Boissières (La Mie Câline), su rival más cercano. “Con Arnaud nos mandamos dos o tres mails diarios, nos estamos haciendo amigos, es muy agradable.” Pese a la competición, el patrón del Newrest-Matmut da más importancia a la filosofía de conservación del material y aprovecha también los momentos de tranquilidad para soltar su vena poética. El reportero oceánico explica tanto sus dudas como sus éxitos en el terreno deportivo, y a veces comparte los paisajes mágicos que descubre y hace reflexiones sobre la luna, o los albatros. Sin embargo, las numerosas depresiones australes, con vientos que a menudo alcanzan los 50 nudos, vapulean al navegante y su montura. La vela mayor del Newrest-Matmut se desgarra a lo largo de tres metros, y eso obliga al patrón a seguir a poca velocidad. Pierde terreno y Alan Roura (La Fabrique) y Enda O’Coineen (Team Ireland) lo adelantan. Entre dos depresiones, el reportero se convierte en reparador y en alpinista para reparar su mayor, y más adelante se sube al mástil varias veces. A principios de enero lo que perjudica al navegante son problemas de la antena fleet, pero pese a ello consigue reengancharse al pelotón a la altura de Nueva Zelanda.

Una cometa en el Pacífico

El 7 de enero, Fabrice Amedeo causa sensación al enviar unas imágenes inéditas filmadas en el Pacífico. Gracias a una cometa que había embarcado, el navegante gana altura aprovechando unas condiciones ideales: “Iba recto a un largo, ¡era perfecto para filmar!” El 16 de enero, las rachas de más de 50 nudos acompañan al navegante, que figura en undécima posición, dobla el cabo de Hornos y comenta con sus lectores: “He vivido un gran momento de mi vida. Había esa luz violeta sobre las montañas de la Patagonia, el sol se escondía por el horizonte. Estaba a unas 20 millas de la roca y cuando he visto esas montañas me he quedado anonadado. Nunca me había emocionado tanto al ver tierra… He vivido una verdadera sensación de plenitud y ese sentimiento de estar en simbiosis con mi barco, con lo que vivía; tenía la impresión de estar en el sitio que me correspondía.”

La tortura de la remontada del Atlántico

El anticiclón de Santa Helena supone para Fabrice el suplicio de las calmas y de la lentitud, la peor pesadilla de los navegantes: “Es sin duda alguna la parada más dura que he conocido desde la salida de esta Vendée Globe. Durante horas he tenido cero nudos de viento; moralmente era una verdadera tortura.” A la altura de Mauritania, las condiciones son horribles, con una mar formada, y el navegante confiesa estar “como un verraco”. Como no ha embarcado suficiente comida, empieza a racionarse y ya no puede hacer tres comidas al día. Tras cruzar el Ecuador después de 88 días de regata, las últimas millas en el golfo de Vizcaya las afronta en pleno anticiclón. Siente miedo cuando escapa por los pelos a una colisión con un mercante al norte del cabo de Finisterre y los vientos erráticos ponen a prueba su paciencia hasta la misma línea de llegada en Les Sables d’Olonne. Al tocar tierra tras su proeza, Fabrice Amedeo ha demostrado que las regatas oceánicas son tanto un deporte de alto nivel como una aventura que hace soñar al público.

Rueda de prensa de Fabrice Amedeo (Newrest Matmut).

Alimentación

“De hecho, hace 15 días que me alimento muy poco. Empezaba a tener vértigos. Incluso contacté a Jean-Yves Chauve, el médico de la regata. Me estaba debilitando. El hecho de llegar aquí y con esta increíble acogida, me siento en plena forma. Es fantástico, estoy en una nube.”

Se hace largo

“Desde hace dos días estaba ansioso por terminar. Era largo. Nuestro grupo no se ha visto favorecido por la meteorología. Las barreras anticiclónicas no se han portado bien con nosotros. Pese a todo, me decía que había que aprovecharlo.”

Objetivo:

“Mi primer objetivo era personal. Es una búsqueda de lo más profundo de mí mismo. Quería cotejarme a los grandes navegantes que siempre he admirado. La bajada del Atlántico siempre es embriagadora, pero esta vez no me paré en Brasil. Era algo nuevo y difícil. Además, soy periodista y me gusta compartir lo que hago. Estoy bien en el agua, quería compartir mi entusiasmo y mi felicidad. Los momentos difíciles pasan y al final queda la felicidad. He llorado, y después he gritado de alegría tras haber superado las pruebas.”

Una vida al día

“Varias veces he dicho que tenía la impresión de vivir una vida en un solo día. La Vendée Globe tiene un potencial fenomenal. Te expones a lo más salvaje de la naturaleza. Ha estado a la altura de lo que imaginaba.”

Un vistazo sobre los demás

“Siento mucha admiración por Armel y Alex. He vivido su aventura con más tranquilidad. Cuando estás en tierra, te haces una idea de lo que hacen, pero cuando estás en el agua, enfrentado a los elementos y a lo que hay que hacer, entonces su actuación toma su verdadero valor. También tengo mucha compasión por los que están detrás, porque para ellos aún es más largo. Pero al menos tienen la suerte de estar más tiempo en la mar.”

Averías

“Primero rompí la vela mayor, y después tuve un problema de hook. Era culpa mía: tenía más de 50 nudos, quería navegar solo con el J3 y por tanto tenía que arriar la mayor. Pasé 2/3h con viento de través. Todo iba bien, y me metí en la litera. De hecho, la vela había hecho una bolsa, que frotó contra la parte antiderrapante de la bañera y se hizo un desgarro de 3 metros. Tened en cuenta que montar un mueble de IKEA el domingo para mí ya es todo un desafío, y que cuando mi boat-captain me decía que cogiera las herramientas, tenía que tener paciencia. La superación de uno mismo es también uno de los problemas de cada día. Después tuve el problema de subir al mástil. Las drizas se habían entremezclado. Detesto subir al palo, porque tengo vértigo. Se aclararon, pero una semana después me iba a pillar la cola de una depresión. Quería arriar el genáquer, pero era imposible. Llamé a mi equipo y me dijeron que tenía que subir. No me lo pensé dos veces: me puse el casco, el arnés, y arroba. Es una de mis grandes victorias.”

Hornos

“El cabo de Hornos lo hice en dos tiempos. Inmediatamente antes tuve una depresión con 50 nudos. He navegado con prudencia para una primera Vendée Globe. Pero hay un momento en el que no te puedes echar atrás. Aguanté 55 nudos y fue como una revelación. Soy capaz de hacerlo y el barco lo vive muy bien. Es algo positivo, porque he aprendido. Me digo que dentro de cuatro años quizás navegaré como en Hornos y no como en el Índico. El cabo de Hornos es el Grial. Por fin estaba allí. Estaba en la cabina, salí y vi las montañas de la Patagonia. Nunca me he sentido tan contento de ver tierra. Doblarlo era un objetivo personal. Era una liberación psicológica. Después hay una transición climática rápida y dejé el Sur detrás. Fue un gran momento de mi vida.”

“Hornos era una liberación. Abrí la cabina y ventilé. Durante 37 días no me preocupé mucho de mí mismo. No me lavé los dientes a menudo, casi no me cambié. El Sur me robó una parte de humanidad. Thomas Coville me había dicho que tenía una tabla de excel para el Sur, para evitar el debilitamiento, para contar cuántas veces comes, cuántas veces te cambias, etc. Me dije que ese tío está enfermo. Después comprendí lo que había dicho. Al conservar una parte de humanidad, puedes rendir mejor.”

Una verdadera amistad con Arnaud Boissières

“Con Arnaud nos conocíamos sin conocernos. Sabía que era agradable, pero no habíamos tenido la oportunidad de conocernos de verdad. En el Atlántico competimos e intercambiamos algunos mails. Cuando llegamos al Índico, empezamos a apoyarnos. Hablábamos bastante de la vida en general. Hemos arreglado el mundo de forma epistolar. Sobre la marcha nos hemos hecho amigos. Ahora ha acabado delante, pero sé que dentro de 4 años yo estaré delante de él (risas)… Cuando haces la Vendée somos un poco distintos, un poco sensibles. Ahora somos importantes para uno y para el otro.”

 

 

 


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