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EL “CRAZY KIWI" CONRAD COLMAN, 16º DE LA VENDÉE GLOBE

  © Olivier Blanchet / DPPI / Vendée Globe
© Olivier Blanchet / DPPI / Vendée Globe

El neozelandés Conrad Colman ha añadido una nueva página en la leyenda del Everest de los océanos cuando ha cruzado la línea de llegada de esta octava edición con aparejo de fortuna, este 24 de febrero de 2017, a las 15 horas y 41 segundos (hora francesa). Conrad Colman (Foresight-Natural Energy) logra la decimosexta plaza de la Vendée Globe, que ha recorrido en 110 días, 1 hora, 58 minutos y 41 segundos, a la velocidad media de 10,57 nudos a lo largo de 27.929 millas. 

Conrad Colman, aparejador y velero profesional, ha podido fabricar uno de los aparejos de fortuna más impresionantes de la historia de la regata a partir de su botavara rota, el tormentín y una parte de su vela mayor. Hasta ahora Solo Philippe Poupon e Yves Parlier habían cruzado la línea de llegada de la vuelta al mundo en solitario con aparejo de fortuna mientras seguían en regata (otros, como Stéphane Le Diraison y Loïck Peyron también instalaron aparejos de fortuna para traer sus barcos). De esta manera ha podido conseguir su objetivo de ser el primer patrón que termina una Vendée Globe sin usar energía fósil. En su lugar ha utilizado un motor eléctrico innovador, paneles solares y un hidrogenerador para almacenar la energía en las baterías. Antes de su salida de Les Sables d’Olonne, Conrad Colman declaró: “El objetivo es ser coherente con mi manera de pensar. En Nueva Zelanda era muy consciente del agujero de la capa de ozono. Me he vuelto vegetariano, no porque me gustaban los corderitos, sino porque estaba preocupado por el impacto de tanta producción y tanto consumo.”

A lo largo de esta regata, Conrad ha demostrado su talento y su capacidad de sobreponerse a las averías. Ha encontrado una forma innovadora de reparar el hidráulico de la quilla tras los estragos que amenazaban con poner fin a su regata. Un incendio dañó el sistema eléctrico del Foresight Natural Energy, y dejó el piloto automático fuera de combate. Un día tuvo que subir tres veces al mástil para reparar las velas. Y eso pese a tener el recuerdo de su padre, que falleció al caer de su mástil. En medio del océano, cerca del Punto Nemo, Conrad se encontró en el centro de una de las mayores tormentas de la prueba. Su estay se había soltado cuando se rompió el eje de su fijación, su IMOCA estuvo volcado varias horas en medio de grandes horas con rachas de 40-45 nudos. Necesitó cuatro días de trabajo para reponer el barco en condiciones, y esto permitió que su antiguo copatrón de la vuelta al mundo a dos, Nandor Fa, se distanciara delante de él. 

Rotura del mástil antes de la llegada

También conviene recordar que Conrad es el primer patrón neozelandés que termina la Vendée Globe. Este hecho marca la consecución de un sueño, que empezó hace más de diez años, cuando se desplazó de Estados Unidos a Francia tras una carrera profesional y estudios al otro lado del Atlántico, el país natal de su añorado padre. Colman trabajó en el sector náutico para desarrollar sus conocimientos. Antes de la salida explicaba cómo lo había hipotecado todo para participar en esta regata. Encontró un IMOCA 60, un plano del sudafricano Angelo Lavranos, usado entonces para salidas diurnas en Bretaña. Tuvo que trabajar mucho para optimizar ese monocasco y diez días antes de la salida del 6 de noviembre, Conrad aún no tenía el dinero para una participación minimalista. Pero siguió decidido y, gracias a un apoyo de la empresa londinense Foresight Group en el último momento, el patrón neozelandés pudo efectuar algunas optimizaciones suplementarias.

Tras la rotura de su mástil el pasado 10 de febrero, cuando navegaba en décima posición a 250 millas al oeste de Lisboa, Conrad Colman construyó e instaló un aparejo de fortuna que le ha permitido recorrer las 740 millas que le faltaban hasta la llegada a Les Sables-d’Olonne. Esa rotura se produjo cuando atravesaba el último temporal antes de la llegada, que preveía cruzar en décima posición unos días después. En aquel momento su regata cambió radicalmente y después sus reservas de comida se acabaron, obligándolo a comer las raciones de emergencia de la balsa salvavidas; ¡hace dos días confesó por radio que solo le quedaban dos galletas secas!

 

 


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